Dudando, Cuestionando y Eligiendo.

Redacción Logia Renacimiento

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Redacción Logia Renacimiento

14 de abril de 2026
4 min de lectura

Este escrito nace luego de escuchar a un querido hermano mencionar que una de las causas que alimentan el aprendizaje masónico es el dudar de toda información recibida; es por ello que redacté este trabajo.

En el sendero de la Francmasonería, el dudar, el cuestionar y el elegir no son meros actos mentales, sino pilares para el crecimiento personal y la búsqueda de la Verdad. Se les considera herramientas esenciales para el trabajo del masón en la construcción de su Templo Interior.

El masón es instruido a no aceptar ciegamente ninguna doctrina, dogma o autoridad, sin antes someterla a su propia razón y conciencia. La duda en la Masonería no es sinónimo de escepticismo paralizante, sino de humildad intelectual y un reconocimiento de que el conocimiento humano es, por naturaleza, fragmentario e imperfecto.

La duda honesta nos obliga a despojarnos de prejuicios y a comenzar la búsqueda por nosotros mismos. Al igual que el Aprendiz Masón que es despojado de los metales (símbolo de vicios y pasiones), el masón debe despojarse de las ideas preconcebidas para que la luz pueda entrar.

Al dudar de la suficiencia de la luz que ya poseemos, nos preparamos para recibir más. Es el primer paso para salir de la oscuridad de la ignorancia hacia la iluminación masónica. Si la duda es la semilla, el cuestionamiento es el cincel y el mazo del masón: las herramientas activas que se emplean sobre la Piedra Bruta, nuestro ser imperfecto, para desbastarla y darle forma.

El masón es animado a cuestionar el significado profundo de los símbolos, los rituales y las alegorías que se presentan en la Logia. No se trata solo de la memorización, sino de la comprensión íntima: ¿Qué significa esto para mí? ¿Cómo se aplica a mi conducta en el mundo? Cuestionar es ejercer el libre examen que la Masonería promueve. Implica aplicar la razón (el compás) para medir y evaluar cualquier concepto, separando la

verdad del error, la esencia de la superstición. Es un ejercicio constante de la inteligencia para ir más allá de la superficie.También es un cuestionamiento constante de la propia conducta. El masón se pregunta:¿Actué con la virtud que se espera de mí? ¿Usé la Escuadra (moralidad) en todas mis acciones?

Una vez que la duda ha abierto la mente y el cuestionamiento ha clarificado el panorama, llega el momento crucial de la elección, que es donde el trabajo masónico se manifiesta en la vida real. La elección es la culminación de la libertad y la responsabilidad.

La Masonería valora la libertad de conciencia. El masón es libre para elegir su camino moral y espiritual, pero esa libertad viene intrínsecamente ligada a la responsabilidad por las consecuencias de sus elecciones. No se impone un código de conducta dogmático, sino que se ofrecen las herramientas para que cada individuo construya el suyo.

La elección fundamental del masón es la de vivir de acuerdo con los más altos principios de Fraternidad, Justicia y Verdad. Se trata de elegir, día a día, actuar con Tolerancia en lugar de fanatismo, con Caridad en lugar de egoísmo, y con Honor en lugar de hipocresía.

Es la elección de aplicar la enseñanza de la Logia a la vida profana. Es el momento en que la Llana (símbolo de la caridad y la unión) es elegida para unir a los hombres, en lugar de la división.
El proceso masónico de dudar, cuestionar y elegir es la práctica de la autorrealización moral e intelectual. Es un ciclo continuo que transforma al individuo de un simple receptor pasivo de información a un Constructor Activo de su propio destino y de un mundo mejor, guiado siempre por su propia conciencia ilustrada.

Stanley García Manjarrés

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