La Granada y La Bandera Nacional.

Redacción Logia Renacimiento

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Redacción Logia Renacimiento

21 de junio de 2026
14 min de lectura

«Es la granada olorosa

un cielo cristalizado.

(Cada grano es una estrella,

cada nido es un ocaso).

Tiene gajos de arquitectura.

Es igual a una colmena

que fuera labrada en oro

con rubíes de las venas.

Es la preñez de la tierra

que se abre con el estío.

Es la urna de la sangre

de un sagrado pecho vivo.

¿Por qué eres, granada, el símbolo

de la pasión del pecado?

Si eres el alma del cielo

y la luz de nuestro campo.»                

Federico García Lorca

El fruto del granado, de cáscara gruesa, flexible y elástica, de color rojo brillante o rosado, sus arilos son las «perlas» rojas y jugosas que se encuentran en su interior. Cada arilo contiene una pequeña semilla comestible en su centro. Con una acidez punzante, pero con un dulzor profundo detrás. Punica granatum, hace referencia a los fenicios (púnicos), quienes la llevaron a Cártago (en el norte de África) y luego los romanos la conocieron a través de ellos. Se expandió por la ruta de la seda, su cáscara resistente la hacía ideal para los viajeros y comerciantes de la antigüedad. Desde su cuna geográfica en la zona de Persia (actual Irán) su cultivo se extendió rápidamente hacia el Mediterráneo y el Cáucaso.

El primer granado, dice la mitología griega, fue plantado por Afrodita, la diosa del amor y la sexualidad, representando la granada el aspecto más carnal y fértil del deseo. Y en el mito de Perséfone, Hades (dios del inframundo) raptó a Perséfone, y para asegurar que ella tuviera que regresar con él, Hades la engañó para que comiera seis semillas de granada. Al probar el fruto del inframundo, quedó ligada a él para siempre. Por cada semilla que comió, Perséfone debía pasar un mes al año con Hades en el inframundo. Así nacieron las estaciones: Otoño-Invierno: Perséfone está bajo tierra; Deméter está triste y nada crece. Primavera-Verano: Perséfone regresa con su madre; la tierra florece de alegría. Por su parte, los filósofos griegos abonaron también a la granada; Sócrates y la virtud «desgranada»; Platón la idea y el mundo sensible, la granada es la metáfora perfecta de su Polis; Aristóteles, la forma y la potencia, en la semilla está el árbol en potencia.

En la tradición judía, la granada se llama Rimon, y es uno de los «Siete Frutos»sagrados de la Tierra de Israel mencionados en la Biblia. Se dice que la granada tiene exactamente 613 semillas, lo que coincide con el número de mitzvot (mandamientos) de la Torá en el judaísmo. Algunos historiadores sugieren que el «fruto prohibido» en el Jardín del Edén no fue una manzana, sino una granada. Cuando San Jerónimo tradujo la Biblia al latín (la Vulgata), utilizó la palabra malus para referirse al árbol del bien y del mal. En latín, malus puede significar «mal» (el pecado) y también «manzana». Esta coincidencia lingüística hizo que los artistas europeos del Renacimiento comenzaran a pintar manzanas en manos de Eva, simplemente porque era una fruta que ellos conocían.

El fruto del granado, de cáscara gruesa, flexible y elástica, de color rojo brillante o rosado, sus arilos son las «perlas» rojas y jugosas que se encuentran en su interior. Cada arilo contiene una pequeña semilla comestible en su centro. Con una acidez punzante, pero con un dulzor profundo detrás. Punica granatum, hace referencia a los fenicios (púnicos), quienes la llevaron a Cártago (en el norte de África) y luego los romanos la conocieron a través de ellos. Se expandió por la ruta de la seda, su cáscara resistente la hacía ideal para los viajeros y comerciantes de la antigüedad. Desde su cuna geográfica en la zona de Persia (actual Irán) su cultivo se extendió rápidamente hacia el Mediterráneo y el Cáucaso.

El primer granado, dice la mitología griega, fue plantado por Afrodita, la diosa del amor y la sexualidad, representando la granada el aspecto más carnal y fértil del deseo. Y en el mito de Perséfone, Hades (dios del inframundo) raptó a Perséfone, y para asegurar que ella tuviera que regresar con él, Hades la engañó para que comiera seis semillas de granada. Al probar el fruto del inframundo, quedó ligada a él para siempre. Por cada semilla que comió, Perséfone debía pasar un mes al año con Hades en el inframundo. Así nacieron las estaciones: Otoño-Invierno: Perséfone está bajo tierra; Deméter está triste y nada crece. Primavera-Verano: Perséfone regresa con su madre; la tierra florece de alegría. Por su parte, los filósofos griegos abonaron también a la granada; Sócrates y la virtud «desgranada»; Platón la idea y el mundo sensible, la granada es la metáfora perfecta de su Polis; Aristóteles, la forma y la potencia, en la semilla está el árbol en potencia.

En la tradición judía, la granada se llama Rimon, y es uno de los «Siete Frutos»sagrados de la Tierra de Israel mencionados en la Biblia. Se dice que la granada tiene exactamente 613 semillas, lo que coincide con el número de mitzvot (mandamientos) de la Torá en el judaísmo. Algunos historiadores sugieren que el «fruto prohibido» en el Jardín del Edén no fue una manzana, sino una granada. Cuando San Jerónimo tradujo la Biblia al latín (la Vulgata), utilizó la palabra malus para referirse al árbol del bien y del mal. En latín, malus puede significar «mal» (el pecado) y también «manzana». Esta coincidencia lingüística hizo que los artistas europeos del Renacimiento comenzaran a pintar manzanas en manos de Eva, simplemente porque era una fruta que ellos conocían.

«Tus mejillas son como gajos de granada tras tu velo»

«Entremos en las viñas… veamos si han florecido los granados; allí te daré mis amores»

(Cantar de los cantares 4:3, 7:12).

En el Templo de Salomón, en Jerusalén, según el Primer Libro de los Reyes, la granada fue elegida como el adorno principal, los capiteles de las grandes columnas estaban adornados con hileras de 200 granadas de bronce cada uno, envueltas en una red. Eran un recordatorio de que, al entrar al templo, te encontrabas en un lugar de abundancia divina.

En la tradición esotérica judía (cábala), la granada no es solo un fruto, sino un símbolo del universo y de la estructura de la sabiduría divina. Abrir una granada es equivalente a estudiar la Torá o los secretos del cosmos. La granada es el fruto del Pardes. Para llegar al Sod (el secreto-el jugo dulce), primero debes romper la cáscara dura (el mundo material) y atravesar las membranas amargas (las distracciones del ego). En la Cábala, existe un concepto llamado Pardes (que significa «jardín» o «huerto» en hebreo), es un acrónimo de los cuatro niveles de comprensión de la realidad y de los textos sagrados: Pshat, la cáscara; Remez, pista; Drash, sermón; Sod, la semilla más profunda. La Cábala se organiza a través del Árbol de la Vida, compuesto por 10 Sefirot, y aquí la granada se representa como el Árbol, donde cada semilla de la granada representa una chispa de luz divina encapsulada en la materia. 

En la Alquimia, la granada representaba el Azufre filosófico (el principio activo y ardiente). Para obtener la Piedra Filosofal, el alquimista debía realizar un proceso de fermentación y destilación. La granada, que se vuelve más dulce y potente con el tiempo, era la analogía perfecta de cómo el alma humana debe madurar y destilarse para alcanzar la perfección, era como el Atanor, el Horno Alquímico.

En la geometría sagrada, la granada es la Flor de la Vida, es un patrón geométrico compuesto por múltiples círculos superpuestos que forman una red de pétalos. Si detallo aún más una sola semilla de granada, su forma suele ser la de una Vesica Piscis (la intersección de dos círculos), es el símbolo del nacimiento o el portal de la creación. Como todo organismo vivo que busca la máxima eficiencia, el crecimiento de la granada sigue la Proporción Áurea. La disposición de las membranas internas y la distribución de las semillas suelen seguir la sucesión de Fibonacci. La granada es un fractal, «Como es arriba, es abajo». El universo entero está contenido en la semilla de la granada, y la granada está contenida en el orden del universo. Es una lección de diseño universal. Su forma imita un Toroide, que es la forma en que la energía fluye en un campo magnético o en una galaxia.

Por su parte, en el Tarot, la granada aparece principalmente en dos cartas clave de los Arcanos Mayores, representando el equilibrio entre lo femenino y lo masculino, lo oculto y lo manifiesto. En la Sacerdotisa, la granada aparece en el velo que cuelga detrás de la Sacerdotisa, situado entre las dos columnas, están dispuestas en un patrón que sugiere el Árbol de la Vida de la Cábala. La granada simboliza que detrás de lo que vemos hay una abundancia de secretos. Representa la matriz de la sabiduría que solo se abre para aquellos que están preparados para desgranar la verdad. Y en la Emperatriz, el vestido de la Emperatriz está estampado con granadas, representa la Fertilidad y la Abundancia en el mundo material. 

Para nosotros, los masones, que nos nutrimos de muchas de estas tradiciones, la granada es un símbolo de Prosperidad, Abundancia y, sobre todo, Unión Fraternal. La Unidad en la Diversidad. Al abrir una granada, vemos cientos de semillas (arilos) contenidas dentro de una sola cáscara, separadas por membranas finas, pero compartiendo el mismo espacio. Aunque somos individuos diferentes (las semillas), estamos unidos por un mismo ideal y contenidos dentro de una sola familia (la cáscara). Así como la granada tiene una cáscara exterior dura, tosca y poco atractiva, guarda un interior brillante y dulce, como el nuestro, cada masón debe trabajar en su interior para pulir su carácter y descubrir sus virtudes ocultas. Al ser un fruto con tantas semillas, simboliza la capacidad de que las buenas ideas y las enseñanzas masónicas se multipliquen y florezcan en la sociedad. 

Y, así como las semillas tienen diferentes formas y tamaños, pero todas están nutridas por la misma savia, los ciudadanos de una nación tienen diferentes ideas, religiones y orígenes, pero todos están unidos por la misma BANDERA. Por ello, la bandera nacional ocupa un lugar de honor cerca del trono del Venerable Maestro. Se le saluda porque representa esa «granada gigante» que nos protege a todos. La bandera no representa a un partido, ni a una facción, sino a la unidad de todos nosotros. Bajo sus pliegues, como semillas dentro de una misma fruta, nos cobijamos sin distinción de credos o razas.  Pero, en nuestro caso, en Venezuela, la conexión entre la Masonería y la bandera está cargado de un simbolismo que va mucho más allá de lo decorativo. Nos obliga a mirar a los Queridos Hermanos Francisco de Miranda y Simón Bolívar. El Querido Hermano Miranda aportó el diseño (el tricolor), fue una declaración de principios masónicos: Luz (Amarillo) sobre la Justicia (Azul) para redimir el Sacrificio (Rojo), y el Querido Hermano Bolívar aportó la unión (la Gran Colombia, la Nueva GRANADA), convirtiendo la idea de la granada en un proyecto continental. Haciendo de la Bandera el lazo de unión que, hasta el día de hoy, recuerda que a pesar de nuestras diferencias (semillas), compartimos un mismo destino (fruto). 

Las Estrellas en nuestra bandera nacional, nos recuerda el Pentalfa. Cada estrella es una luz (una provincia/semilla). Al igual que la granada, las estrellas están separadas, pero forman una unidad geométrica (un arco), recuerda a la bóveda celeste, indicando que la nación está bajo la protección del Gran Arquitecto del Universo. Para el Querido Hermano Bolívar, la bandera era el símbolo de la Cáscara que debía proteger a las jóvenes repúblicas. Él mismo firmó decretos para estandarizar el uso de los colores y las estrellas, asegurando que el mensaje de unión (fraternidad) fuera lo que prevaleciera por encima de las guerras locales. Me detengo en la 8va Estrella (Guayana), el Querido Hermano Bolívar decretó la octava estrella en 1817, desde una lectura masónica, el número 8 simboliza un nuevo comienzo y la regeneración. Al añadirla, Bolívar completaba un ciclo de justicia para una provincia que había sido clave para la victoria. 

La Bandera nos une en la diversidad, nos une en la noción de patria, y como señalaba el Querido Hermano José Manuel Briceño Guerrero, la patria «es el encuentro de nosotros mismos», debemos desgranar nuestra historia, por dolorosa que sea, para encontrar la dulzura de nuestra verdadera identidad. Trascender el terror de la cáscara, de la palabra que limita, que encierra, que nos separa del mundo, encontrarnos en el amor de las semillas, abrir la granada, el reconocimiento de la multiplicidad, cada semilla es una historia, una palabra pequeña que solo en conjunto con las demás cobra sentido. El amor es el jugo que fluye cuando rompemos el aislamiento.

La Bandera como símbolo en la logia, funciona como el Atractor Neurocognitivo. Si la granada individual es mi cerebro, el rito masónico es el huerto de granadas funcionando como un solo organismo, y así, la biología se convierte en sociología y la mística en física social. Ese momento en el que los cerebros individuales se sintonizan en un rito, un abrazo o ante un símbolo como la bandera, se conoce en neurociencia moderna como Sincronía Intercerebral o Cerebro Colectivo. Cuando nos reunimos en la logia y participamos en el ritual (con palabras rítmicas, música y símbolos visuales), nuestros cerebros dejan de funcionar de forma aislada, se da una sincronía de ondas, las oscilaciones neuronales (especialmente en las bandas alfa y gamma) de nosotros empiezan a oscilar al mismo ritmo. Es como si todas las granadas del huerto empezaran a vibrar en la misma nota musical, es la Granada Colectiva. En este estado, la cáscara del ego individual se vuelve porosa. El abrazo fraternal no es solo un gesto simbólico; es un interruptor neuroquímico, donde se da la inundación de oxitocina, al contacto físico y el reconocimiento de los hermanos. El cerebro libera oxitocina, conocida como la hormona del vínculo, esto reduce la actividad de la amígdala (el centro del miedo), permitiendo que la cáscara defensiva baje. Lográndose la Neuroplasticidad Social, este estado de confianza permite que el cerebro sea más plástico. Aprendemos mejor y nos transformamos más profundamente cuando estamos en grupo que cuando estamos solos. Es una red neuronal colectiva sostenida por el lenguaje y los mitos. Si todos dejamos de creer en el símbolo, la red desaparece. Pero mientras el rito lo mantenga vivo, el «cerebro colectivo» tiene más poder, creatividad y resiliencia que cualquier cerebro individual. 

La granada no es solo un objeto, sino un mándala vivo. Viendo en la granada una representación visual de la estructura de la Psique, como señalo Carl Jung.  El Arquetipo de la Totalidad (El Sí-Mismo), el objetivo de la vida humana es la Individuación, el proceso de integrar todas las partes de nuestra personalidad en un todo armonioso. La granada representa el momento en que el individuo logra contener sus propias contradicciones sin romperse. La granada es a menudo amarga y dura, mientras que el interior es dulce y brillante, primero debemos atravesar la corteza de nuestra Sombra (aquello que no nos gusta de nosotros mismos o que nos parece amargo), Solo quien se atreve a romper la cáscara externa puede acceder a la riqueza interior.

Todo el recorrido de esta ensayo va encontrando respuestas en la ciencia actual. Para los físicos actuales, el universo es como una granada cósmica, miles de millones de galaxias, partículas y leyes que parecen separadas, pero que están tejidas en una sola piel llamada Espacio-Tiempo. Las Ondas Gravitatorias y el Latido del Fruto, el Principio Holográfico, toda la información de un volumen de espacio está contenida en su superficie. Es decir, toda la diversidad de la pulpa del universo está escrita en la cáscara que lo envuelve. La Teoría de Cuerdas y la Cáscara que todo lo une. Al igual que en la visión del Querido Hermano Briceño Guerrero sobre la patria, el universo es un sistema que funciona porque sus partes, siendo diferentes, cooperan bajo una misma ley. Somos, polvo de estrellas intentando comprender el fruto del cual formamos parte.

Daniel Montero Caón.

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