Estuardo vs Hannover

Franklin Higuerey

Escrito por

Franklin Higuerey

20 de marzo de 2026
8 min de lectura

Cuando se reducen cientos de años a dos cuartillas, se suele aplicar una causalidad lineal. Esto crea la ilusión de que la historia fue una serie de pasos lógicos y necesarios, eliminando el caos, el azar y las voces disidentes que no encajaban en el resultado final, nada más alejado de la realidad cuando los eventos históricos son causalidades múltiples; en donde se debe reconocer la complejidad y lo prolijo de los actores. Una narrativa repetida mil veces, se convierte en dogma y esto genera mitos fundacionales; que no necesariamente son mentiras pero no es una manera sencilla de simplificar la verdad.

Para no caer en la trampa de la «verdad única», es útil observar: ¿A quién beneficia este relato? (Poder político, identidad nacional, necesidad institucional). ¿Qué grupos quedan invisibilizados? (enemigos políticos, enemigos institucionales,). Es fascinante cómo la memoria colectiva prefiere una leyenda coherente antes que una realidad fragmentada o contradictoria. 

Por lo precedente, este artículo viene a escudriñar los hechos que precedieron el año 1717 con la fundación de la Gran Logia de Londres y Westminster, específicamente analizar los problemas políticos, sociales y religiosos de la época en el contexto de la transición de una Inglaterra de una monarquía absoluta a una monarquía parlamentaria.

La historia de hoy comienza en encontrar el origen de los problemas entre la Iglesia Católica e Inglaterra, en el reinado de Enrique VIII, quien se casó seis veces y encontramos que entre los hechos más notables de su reinado se incluye la ruptura con la iglesia católica, la creación y el establecimiento de la iglesia anglicana en Inglaterra. La bula papal más significativa contra Enrique VIII fue emitida por el papa Pablo III el 17 de diciembre de 1538, consolidando su excomunión. Este documento selló la ruptura definitiva entre Inglaterra y Roma, declarando al rey como un tirano y prohibiendo a los católicos obedecer. El precedente de esta bula emitida por el papa obedece a  que Enrique VIII solicitó la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, lo cual fue negado por el papa Clemente VII en 1530, este hecho histórico en el futuro traerá como consecuencia guerras fratricidas, luchas por la corona e inestabilidad institucional, económica, social y política. 

Las tensiones religiosas comenzaron a resurgir 100 años luego de la ruptura entre Inglaterra y la Iglesia Católica. Al fallecer Isabel I de Inglaterra – última de la dinastía Tudor – luego de cuatro décadas; bien conocida como la Era Isabelina. Quien fuera su sobrino; Jacobo I en Inglaterra, pero Jacobo VI en Escocia, inaugura la dinastía Estuardo, unificando las coronas; Escocia e Inglaterra, en el año 1603. Los Estuardo reinaron desde 1603-1649 cuando ejecutan a Carlos I para luego volver en 1660 por intermedio de Carlos II hasta el año 1688 cuando fue depuesto Jacobo II; último rey católico en Inglaterra, por Maria II (Su hija) y Guillermo III (Su yerno). Maria II y Guillermo III no pudieron concebir hijos que pudieran suceder en la corona, por tal motivo luego de la muerte de Maria II, y el posterior fallecimiento de Guillermo III, la sucesión del trono inglés quedó en Ana de Gran Bretaña hermana de María II en el año 1702. 

Esto se debe a que existía un Acta de Establecimiento de 1701, el cual decretó que los miembros de la Iglesia católica no podían acceder al trono, así que el sucesor debía ser el miembro de la familia real más cercano que profesase una denominación religiosa protestante;preferiblemente de la corriente anglicana. Luego de la muerte de Ana de Gran Bretaña, esta acta favoreció a la familia protestante de la Casa de Hannover por intermedio de Jorge I de Gran Bretaña que estuvo ligada a la Casa de Estuardo al contraer matrimonio con una nieta de Jacobo I. Esta disposición buscaba la exclusión del trono de un rey favorable al catolicismo y cortar las pretensiones de Jacobo Francisco Estuardo, católico, al que Luis XIV rey de Francia reconoció como rey de Inglaterra en 1701, con el nombre de Jacobo III.

En este punto, nos encontramos con dos corrientes políticas/religiosas, que en este contexto histórico era prácticamente lo mismo, que buscan alcanzar el trono de inglaterra; Jacobo Estuardo vs Jorge I de Hannover, esto trajo los acontecimientos históricos de las rebeliones jacobitas; apoyadas por Francia y Escocia en detrimento de Inglaterra y Jorge I.  Ahora bien, es el año 1714 y solo faltan tres años para que se institucionalice la Gran Logia de Londres y Westminster.  

La fundación de la Gran Logia en 1717 no fue un evento aislado; fue un evento profundamente político y una respuesta directa a la inestabilidad entre los Estuardo y los Hannover. Solo dos años antes, en 1715, se había producido el primer gran levantamiento jacobita. Los seguidores de los Estuardo intentaron derrocar al recién llegado Jorge I de Hannover. El ambiente en Londres era de paranoia total: se sospechaba de cualquiera que tuviera lealtades «antiguas». La fundación de la Gran Logia en la taberna – Goose and Gridiron – el día de San Juan de 1717 fue, en gran medida, un intento de las logias de Londres de demostrar lealtad a la nueva dinastía Hannover y alejarse de las sospechas de conspiración jacobita y por el acontecimiento del alzamiento de 1715, James Anderson y Desaguiliers; ambos con motivos suficientes para apoyar a Jorge I, el primero pastor protestante y el segundo protestante exiliado Francés , en 1723 en las constituciones de Anderson se insiste en que el masón sea un hombre pacífico ante los poderes civiles; esto no era solo humanismo y moralismo, también un escudo legal contra la locura vivida por la desconfianza de Jorge I sobre todo aquello que pareciera Estuardista. 

Tras la derrota del levantamiento de 1715, Londres se convirtió en un nido de espías. Las logias que practicaban ritos antiguos o que mantenían vínculos con Escocia eran vistas con recelo, pues el «estilo Estuardo» de masonería estaba impregnado de misticismo católico y lealtad a la estirpe exiliada. La creación de la Gran Logia en 1717 funcionó como un mecanismo de control: o te sumabas a la estructura centralizada de Londres – leal a Jorge I – o quedabas fuera de la «regularidad», marcándote indirectamente como un posible sedicioso.

Es aquí donde la figura de Jean Théophile Desaguliers cobra una relevancia política total. Como miembro de la Royal Society y amigo personal de la familia real Hannover, Desaguliers utilizó su prestigio para «aristocratizar» la Orden. Al atraer a nobles y científicos a las logias, transformó una sociedad de artesanos en un club de pensamiento ilustrado que el Rey no sólo no debía temer, sino que podía patrocinar. La masonería dejó de ser una sospechosa reunión de hombres en tabernas para convertirse en el brazo intelectual del nuevo orden británico.

El punto de no retorno ocurrió en 1721 con la elección de John, Duque de Montagu, como Gran Maestro. Fue el primer noble en ocupar el cargo. Esto fue un golpe maestro de relaciones públicas: tener a un aliado del reino a la cabeza de la Gran Logia terminó con cualquier duda sobre la lealtad de los masones. A partir de este momento, la Masonería «Moderna» se fundamenta como una institución hannoveriana, parlamentaria y profundamente británica, dejando a los leales a los Estuardo en la periferia de la historia.

Finalmente, en 1723, James Anderson publicó las Constituciones. Si analizamos el texto bajo la luz de la lucha Estuardo-Hannover, el famoso cargo «De los Deberes Civiles» cobra un nuevo sentido. Al dictar que un masón nunca debe participar en complots contra la paz de la nación, Anderson estaba firmando un contrato de no agresión con el Estado. Las Constituciones fueron el documento que codificó la victoria de la razón hannoveriana sobre el derecho divino de los Estuardo.

Para 1723, la estructura estaba completa. La masonería ya no era un gremio de constructores, sino una institución con un cuerpo de ley definido y el respaldo de la aristocracia. Sin embargo, los derrotados Estuardo no desaparecieron; llevaron sus propias tradiciones y rituales al exilio en Francia. Esta «otra» masonería, cargada de grados caballerescos y nostalgia monárquica, germinó en suelo europeo, preparando el escenario para un conflicto de ritos que marcaría el siglo XVIII, con la gran influencia del Caballero Ramsay. 

Así, el triunfo de la Casa de Hannover en suelo inglés no solo cambió el mapa político de Gran Bretaña, sino que selló el destino de la Orden. Mientras en Londres se celebraba la estabilidad de las Constituciones de 1723, en los puertos de Francia y las cortes de Saint-Germain, los exiliados jacobitas buscaban una masonería distinta, más mística y aristocrática. La batalla entre los Estuardo y los Hannover ya no se libraría solo con espadas en los campos de Escocia, sino con rituales y patentes en los salones de París y Madrid, expandiendo las luces – o las sombras – de la Masonería por todo el continente europeo.

Referencias bibliográficas

  1. André Kervella (2023)  – La historia robada de la francmasonería 1717
  2. André Kervella (2021)  – Los reyes Estuardos y la francmasonería
  3. Paul Monod (2010) – Loyalty and IdentityJacobites at Home and Abroad
  4. Paul Naudon (1991) – Les origines de la franc-maçonnerie
  5. Ridley, Jasper (1999) Los masones.
  6. Knight&Lomas (1996) The Hiram Key

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