1717: La Piedra Angular de la Institucionalidad Masónica

Franklin Higuerey

Escrito por

Franklin Higuerey

8 de febrero de 2026
8 min de lectura

El Mito, la Realidad y la Necesidad de Orden

Para el masón que busca profundizar en sus raíces, el 24 de junio de 1717 no es simplemente una efeméride grabada en el calendario litúrgico de la Orden. Representa, en rigor, el nacimiento de la Masonería tal como la concebimos en la actualidad: una organización estructurada, con una jurisprudencia definida y una misión filosófica clara. A menudo, el relato histórico se simplifica narrando la reunión de cuatro logias en la taberna Goose and Gridiron, pero para entender el impacto que esto tiene incluso en nuestras logias venezolanas hoy, debemos analizar el contexto sociopolítico y la crisis de identidad que atravesaba el gremio en aquel Londres de principios del siglo XVIII.

La masonería no nació ese día, pero sí se institucionalizó. Veníamos de un proceso de siglos de masonería operativa, donde el secreto protegía el arte de la construcción física. Sin embargo, tras el Gran Incendio de Londres en 1666 y la posterior reconstrucción de la ciudad bajo la dirección de figuras como Sir Christopher Wren, el modelo de gremio tradicional entró en una fase de obsolescencia. La demanda de constructores masivos disminuyó y las logias operativas empezaron a languidecer. La transición no fue abrupta; fue una «gran mutación» donde la escuadra de hierro empezó a ser vista, cada vez más, como una herramienta para rectificar la conducta moral.

Las cuatro logias fundadoras.

El escenario era complejo. Existían múltiples logias dispersas, cada una con sus propios usos y costumbres, operando bajo las antiguas tradiciones de los Old Charges (Antiguos Deberes). Las cuatro logias que se reunieron en 1717 —The Goose and Gridiron, The Crown, The Apple Tree y The Rummer and Grapes— no eran necesariamente las más antiguas ni las más prestigiosas (sabemos que la Logia de York o las logias escocesas tenían linajes mucho más profundos), pero compartían una visión estratégica: la necesidad de un gobierno centralizado.

Es fascinante observar la composición de estas logias. Mientras que algunas aún conservaban un fuerte componente de artesanos y mecánicos, otras ya estaban compuestas casi en su totalidad por «masones aceptados». Esta mezcla de clases sociales —algo inaudito en la Inglaterra estamental de la época— fue el caldo de cultivo para la fraternidad universal. Al elegir a Anthony Sayer como el primer Gran Maestro, un hombre de origen modesto, la Gran Logia envió un mensaje potente: en la logia, el mérito personal y la virtud están por encima del linaje de sangre. 

Desaguliers y el triunfo del Pensamiento Newtoniano

Si Anthony Sayer fue la cara institucional, Jean Théophile Desaguliers fue el cerebro intelectual. Desaguliers, un refugiado francés, pastor anglicano y asistente de Isaac Newton en la Royal Society, fue quien realmente moldeó el carácter especulativo de la Gran Logia.

Bajo su influencia, la masonería se convirtió en el vehículo para difundir la filosofía natural de Newton. El concepto del Gran Arquitecto del Universo tomó una dimensión matemática y racional. Ya no se trataba de una deidad caprichosa, sino de una inteligencia suprema que había diseñado el cosmos bajo leyes geométricas perfectas. Para nosotros, esto es vital: 1717 representa el momento en que la masonería abraza la ciencia y la razón como herramientas de perfeccionamiento. Desaguliers entendió que, para que la masonería sobreviviera, debía dejar de construir muros para empezar a construir ciudadanos ilustrados.

Disección de las Constituciones de Anderson (1723)

Para hablar de 1717 primero se debe dedicar un análisis a las Constituciones de James Anderson de 1723. Si bien la Gran Logia se fundó en 1717, fue este documento el que le dio su «cuerpo de ley». Es de mucho interes, como la conformación de las constituciones representan al ‘’zeitgeist’’ del momento, entendiendo que en 1722 se había hecho público el ‘’Código Pirata de Bartholomew Roberts’’ o lo que algunos historiadores denominan las constituciones de Roberts. No hay similitudes entre las instituciones acá representadas — la francmasoneria representa pacto con la sociedad civil mientras que los piratas representa la ruptura con dicha sociedad — pero se destaca que ambas estipulan caracteristicas democraticas en la resolución de los conflictos que pueden haber entre sus miembros, además que genera una guia para la asociación entre miembros de distintas nacionalidades y creencias. 

  • El Título Primero: De Dios y la Religión. Este es quizás el párrafo más importante en la historia de la masonería moderna. Establece que un masón está obligado, por su título, a obedecer la ley moral y a no ser un «ateo estúpido ni un libertino irreligioso». Sin embargo, rompe con siglos de guerras de religión al afirmar que es preferible dejar a los hombres sus opiniones particulares. La masonería se convirtió así en el único espacio en el siglo XVIII donde un católico, un protestante, un judío y, más tarde, un musulmán, podían llamarse «Hermanos».
  • Los Deberes Civiles. Anderson dejó claro que el masón debe ser un «sujeto pacífico ante los poderes civiles». Esto fue una jugada política maestra para evitar que la Orden fuera perseguida por el Estado, presentándola como una sociedad de hombres honorables que trabajaban por el bien de la nación.
  • La Estructura de Grados. Aunque en 1717 solo existían originalmente dos grados (Aprendiz e Compañero), las Constituciones sentaron las bases para la expansión al sistema de tres grados que conocemos hoy. El grado de Maestro Masón, tal como lo practicamos, es un desarrollo posterior influenciado directamente por la estructura que Anderson y Desaguliers formalizaron.

La Revolución Administrativa y el Concepto de Jurisdicción

Antes de 1717, la masonería era «acefala». Una logia podía constituirse por el simple acuerdo de un grupo de hermanos. A partir de la creación de la Gran Logia de Inglaterra, nace el concepto de Regularidad. Este concepto de regularidad buscaba, a su vez, diferenciar las logias reconocidas ya por la nueva Gran Logia que estaba influenciada por la corriente Hannoveriana; quienes rivalizaban con los Jacobistas que querian recuperar el trono para la casa Estuardo. (Este tema lo veremos en próximos artículos: Hannover vs Estuardos). 

Esto introdujo una disciplina que hoy aplicamos estrictamente: ninguna logia tiene derecho a trabajar si no posee una Carta Patente emitida por una Gran Logia reconocida. Esta centralización permitió que la masonería se expandiera por el mundo con un lenguaje común. Es la razón por la que un hermano de la Logia Renacimiento 222 en Venezuela puede visitar una logia en Londres o París y reconocer los mismos signos, tocamientos y palabras. 1717 nos dio la inter-operabilidad masónica.

El impacto en la Masonería Venezolana

¿Por qué dedicamos tanto espacio a este evento en un blog sobre masonería venezolana? Porque nuestra propia historia comienza aquí. La Gran Logia de Inglaterra fue la «Gran Logia Madre» que, a través de sus expansiones marítimas y comerciales, llevó las luces al Caribe.

Cuando personajes como Francisco de Miranda o Simón Bolívar entraron en contacto con la masonería en Europa y América del Norte, lo que encontraron fue el sistema nacido en 1717. La visión de una sociedad de hombres libres, iguales y hermanos, que tanto influyó en nuestra gesta emancipadora, es el resultado directo de la tolerancia religiosa y el espíritu republicano codificado por Anderson. Sin 1717, no existiría el marco filosófico que justificó nuestra independencia.

La Taberna: De un espacio profano a un espacio sagrado

Es relevante reflexionar sobre el hecho de que la masonería moderna naciera en tabernas. En el siglo XVIII, las tabernas eran los centros de debate intelectual, las «redes sociales» de la época. Que los masones se reunieran allí nos recuerda que nuestra Orden no es un monasterio ni una secta aislada; es una institución inmersa en la sociedad.

El paso del «Ganso y la Parrilla» (un espacio profano) a la creación de un «Templo Ideal» (un espacio sagrado) simboliza nuestro propio trabajo interior. Al igual que aquellos cuatro grupos de hermanos, nosotros también debemos ser capaces de elevar templos a la virtud en medio de los mercados y las plazas públicas.

El Desafío de la Piedra en Bruto en el Siglo XXI

1717 nos enseña que la masonería tiene la capacidad de adaptarse y evolucionar. Aquellos hombres no destruyeron el pasado operativo; lo honraron convirtiéndolo en un sistema alegórico de perfeccionamiento humano. Para nosotros, en la actualidad, el mensaje es claro: nuestra institución debe ser capaz de leer los signos de los tiempos.

Hoy, mientras planificamos el futuro de nuestras logias en Venezuela, debemos preguntarnos: ¿Estamos siendo tan audaces como Desaguliers? ¿Estamos usando la masonería para unir lo que está disperso en nuestra sociedad? 1717 no fue el final de una historia, sino el inicio de una responsabilidad. La responsabilidad de demostrar que, más allá de los ritos y las ceremonias, la masonería es una herramienta práctica para construir una humanidad más justa.

La línea de tiempo que iniciamos hoy es la crónica de un éxito organizacional y de tremenda prospectiva. 1717 fue el comienzo de la masonería moderna, y cada vez que abrimos trabajos en nuestras logias, estamos haciendo resonar el eco de aquella reunión en Londres, recordándonos que somos parte de una historia viva que se escribe todos los días con nuestra conducta fuera del templo.

Referencias Bibliográficas

 * Anderson, James (1723). The Constitutions of the Free-Masons. London.

 * Carnicelli, Américo (1970). La Masonería en la Independencia de América. Bogotá. 

* Ridley, Jasper (1999) Los masones.

* Kervella, André (2023) 1717 – La historia robada a los francmasones.

* Knight&Lomas (1996) The Hiram Key 

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