«El símbolo es una imagen que remite a un sentido escondido, una puerta hacia lo invisible. Son portadores de significado, pero solo para aquellos que poseen la clave para interpretarlos.»
Dan Brown
El símbolo no es un simple accesorio de la comunicación; es la herramienta fundamental con la que el ser humano construye y habita su realidad. A diferencia de otros seres vivos que responden directamente a estímulos físicos, nosotros medimos nuestra relación con el mundo a través de significados que van más allá de lo tangible.
La vida está cargada de símbolos y en cada oportunidad, el hombre aprovecha el simbolismo para que cada uno, cómo ser individual o social, interprete lo expuesto, de distintas formas.
A través de la historia, los símbolos han sido el pegamento de las civilizaciones. Antes de la escritura, existió el símbolo. Las pinturas rupestres en cuevas como Altamira o Lascaux no eran solo decoración; eran representaciones simbólicas de la conexión del hombre con la naturaleza y lo sagrado.
Con el nacimiento de los imperios, el símbolo se volvió una herramienta de control político y religioso. En Egipto, El Ankh (vida eterna) y el Ojo de Horus (protección) no eran solo dibujos; se creía que poseían la esencia de lo que representaban. Mientras que en Mesopotamia, el uso de sellos cilíndricos para marcar autoridad e identidad. En una Europa mayoritariamente analfabeta, los símbolos eran el lenguaje universal. La Cruz, se consolidó como el símbolo máximo de la cristiandad, resumiendo toda una doctrina en dos líneas cruzadas. Los escudos de armas utilizaban animales y colores para simbolizar linaje, honor y valentía en el campo de batalla.
Durante el Renacimiento, el símbolo se volvió hermético. Los alquimistas y científicos utilizan una simbología compleja para proteger sus descubrimientos de la Inquisición o de ojos no iniciados y el oro y el plomo, simbolizaron la perfección espiritual frente a la imperfección humana. Para los alquimistas, el laboratorio no era solo un lugar con hornos y frascos, sino una metáfora del alma humana.
Hoy, el símbolo ha pasado de los templos a las pantallas y los mercados. La hoz y el martillo, la esvástica o la paloma de la paz han movilizado masas y cambiado el curso de la historia. Una manzana mordida o una «M» dorada funcionan igual que los antiguos tótems, generando pertenencia y comunicando valores de forma instantánea. Hemos cerrado el ciclo volviendo a los pictogramas para comunicar emociones complejas en la era digital.
La información que transmite un símbolo, es demasiado potente. El show de Bad Bunny en el Super Bowl LX (2026), transformó el Levi’s Stadium en un manifiesto político de los símbolos y la capacidad de éstos para protestar. Desde el Campo de Caña de Azúcar, tributo directo a la historia agrícola de Puerto Rico y a los trabajadores explotados durante el siglo XIX y XX. Las torres de alta tensión lanzando chispas, recuerdan las penurias del pueblo cubano ante el bloqueo norteamericano. Al cerrar el show, Bad Bunny pronunció la frase God Bless America, pero inmediatamente comenzó a nombrar países desde México hasta Argentina. Fue un juego de palabras en un momento especial, a través de un mensaje cargado de símbolos.
Podemos decir que el símbolo y su interpretación son un Puente entre dos Mundos. En el mundo profano, la comunicación se rige por la literalidad: una señal de «pare» significa detenerse. Sin embargo, en el universo de la Masonería, el lenguaje no es una línea recta, sino un puente hacia lo inefable. Aquí entra en juego la magia del símbolo. El término «magia» no se refiere a la prestidigitación, sino a la capacidad teúrgica de interactuar con lo sagrado a través de rituales para lograr un cambio espiritual o la unión con lo divino y la capacidad transformadora que tiene una imagen para evocar en el individuo realidades, que las palabras no pueden alcanzar. El símbolo no explica; el símbolo revela.
Simbolismo Masónico
A diferencia del signo, que es cerrado y limitado, el símbolo es multívoco. Un solo objeto, como la Piedra Bruta, puede representar la imperfección humana, el caos antes del orden o la materia prima del universo. Para el masón, el símbolo es una herramienta de trabajo. No se contempla pasivamente; se trabaja con él para desbastar las asperezas del carácter. Mientras que los dogmas religiosos o las ideologías políticas a menudo dividen, el símbolo une. Permite que hombres de diferentes credos se sienten a la misma mesa, ya que cada uno puede interpretar el símbolo según su propia madurez espiritual sin contradecir la del hermano.
La Trilogía del Arte Real
La Escuadra, Compás y Volumen de la Ley Sagrada, conocidas como las Tres Grandes Luces de la Masonería, ejemplifican perfectamente la magia simbólica. La Escuadra, representa la materia, la rectitud moral y la tierra. Es la medida que regula nuestras acciones con respecto a la sociedad. El Compás simboliza el espíritu, la sabiduría y el cielo. Marca los límites que el hombre debe trazarse respecto a sus propias pasiones. El Volumen de la Ley Sagrada, que más allá de su contenido religioso, simboliza la Voluntad Superior o el Código Ético que guía al iniciado. La magia ocurre en la interacción de estos objetos. Dependiendo de cómo se superpongan la Escuadra y el Compás, se indica el grado de dominio del espíritu sobre la materia en el que se encuentra el masón.
El Templo como Símbolo Vivo
El Templo no es solo un salón; es una representación del Cosmos. Desde el pavimento de mosaico representando la dualidad del bien y el mal o también la luz y la sombra, hasta la bóveda celeste, el espacio masónico está diseñado para que el iniciado se sienta ubicado en el centro del universo. Se muestra como una representación del mundo conocido en la antigüedad y busca conectar lo terrenal con lo divino. El Templo, es el propio ser humano.
El Silencio es el símbolo más potente en los grados iniciales. El silencio masónico no es ausencia de sonido, sino una herramienta para la introspección. Es la «magia» de escuchar la propia voz interior antes de intentar transformar el mundo exterior.
La Transformación. El núcleo de la enseñanza masónica es el proceso alquímico de la transformación personal. El hombre en su estado natural, lleno de prejuicios y pasiones incontroladas, transforma en el camino, la piedra bruta a la Piedra Pulida que es el ideal del hombre que ha encontrado su lugar en el edificio social, útil para sí mismo y para la humanidad. Esta transición es el acto mágico por excelencia: la transmutación del yo egoísta en un nosotros consciente.
Podemos concluir que La magia del símbolo reside en que nunca termina de hablar. Un masón puede observar la misma plomada durante treinta años y, en un momento de lucidez, encontrar un significado nuevo que cambie su vida. El símbolo es un espejo donde no vemos lo que el objeto es, sino lo que nosotros somos capaces de comprender.
En última instancia, la Masonería no enseña una verdad absoluta, sino que entrega las llaves, erigidas cómo símbolos, para que cada hombre abra las puertas de su propio templo interior.
Bibliografía de Referencia
Guénon, René. Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada.
Boucher, Jules. La Simbólica Masónica.
Wirth, Oswald. El simbolismo hermético.
Jung, Carl G. Arquetipos e Inconsciente Colectivo.
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