Gratitud: De la virtud a las neurociencias.

Wilmer Acosta

Escrito por

Wilmer Acosta

1 de marzo de 2026
8 min de lectura

La gratitud ha sido históricamente comprendida como un puente entre lo humano y lo divino. Si bien, no pocos autores conducen la interpretación de la gratitud como un referente que induce claros beneficios en la salud física y psíquica, pretendemos en este ensayo que pueda ser explorada  como un imperativo moral. Desde la perspectiva de Immanuel Kant, la gratitud no es simplemente una respuesta emocional, sino una virtud moral y un deber sagrado hacia los demás. Para Kant, el agradecimiento es la obligación de honrar a quien nos ha beneficiado, actuando como un contrapeso al egoísmo y reconociendo nuestra interdependencia. Esta concepción kantiana establece la base de la gratitud como una actitud «que reclama correspondencia», transformándola de un sentimiento pasivo a un ejercicio activo de la voluntad. La gratitud entonces no es un intercambio mercantil de favores, sino una máxima de la razón que dignifica tanto al que da como al que recibe, fortaleciendo genuina fraternidad entre los hombres.

El orden mitológico.

Es conveniente hablar primero de cómo nació la gratitud como sentimiento. Para esto, es necesario que nos remontemos a los primeros hombres: en ellos destacaba el asombro por lo desconocido, por la inmensidad que les rodeaba. Concatenado a ese asombro, surgió la «angustia metafísica» como la definió la filósofa española María Zambrano. Surgieron entonces algunas de las primeras preguntas trascendentales de la filosofía: «¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?» El hombre primitivo tuvo como primera necesidad metafísica trascender, y para lograrlo necesitó conectarse con lo divino. De esta manera le dio al ser un sentido. Nace así la gratitud como sentimiento primario y motor de trascendencia: el agradecimiento por la inusitada existencia a un universo lleno de misterios. Dicho de otra manera, nació lo místico y se conectó ipso facto con la gratitud hacia todo lo que era más grande.

La filosofía.

Se ha dicho que María Zambrano dio una vuelta atrás y conectó con la intelectualidad de los primeros hombres. Algunos de los filósofos que más han promovido la idea de la gratitud son los de la corriente del estoicismo que encontraron en la gratitud un punto de partida y columna vertebral de su estructura de pensamiento. Al revisar en los filósofos que han mencionado o trabajado la gratitud, se puede encontrar como hilo conductor que ha sido asociada a la necesidad de trascendencia del hombre y esto podría ir más allá de ser un postulado teológico: Schopenhauer acusado de ser ateo promovía que la humanidad para salvarse debía abandonar el instinto ciego de lucha por la subsistencia -que llamó lo volitivo- y dedicarse a la contemplación -de las artes- y la caridad; esto es, plantear la gratitud como una virtud de resistencia ante lo bruto del instinto. Algunos científicos como Nazareth Castellanos rescatan esta idea Schopenhaureiana: por medio de la gratitud redescubrir la belleza en lo cotidiano.

¿Qué es la gratitud entonces? La Real Academia Española la define como un sentimiento de reconocimiento ante el favor recibido y asimismo, una actitud que reclama correspondencia. Hay que entender entonces que la gratitud como sentimiento es algo que surge genuinamente -en mayor o en menor medida dependiendo del individuo- y que es pasiva: reconoce, pero no más. Por otra parte, la gratitud como actitud en el sentido praxeológico de la palabra evoca un ejercicio y un hábito que se debe cultivar. Esto fue promovido primeramente por los místicos y posteriormente por los filósofos y teólogos. Tomás de Aquino en su Summa Theologiae sugiere cultivar la gratitud como un ejercicio de trascendencia para conectar con Dios, pero además una práctica que genera beneficios en el hombre.

Pero, ¿a cuáles beneficios se refiere Tomás de Aquino? Llegamos entonces a la ciencia.

La Arquitectura Química del Bienestar.

Algunos sentimientos primarios, como el placer o el bienestar han logrado entenderse desde el punto de vista neurobioquímico: Las neurociencias han arrojado un primer entendimiento del funcionamiento del cerebro por medio de la química. Así por ejemplo, hoy entendemos que neurotransmisores -que son moléculas- como el GABA tienen una naturaleza inhibitoria logrando disminuir el potencial de acción del sistema nervioso -que funciona con potenciales eléctricos-. La serotonina se asocia con sensación de plenitud y bienestar y el descenso de esta con sensación de desesperanza, apatía y depresión. De ahí que un grupo fuerte de antidepresivos inhiban la recaptación de serotonina para que exista más disponibilidad cerebral de esta. El placer está asociado a la dopamina y endorfinas -placeres cortos- y a la oxitocina -placeres más prolongados-. Así mismo; tenemos neurotransmisores activadores como el glutamato, la noradrenalina, histamina, etcétera. 

Por tanto, en la neurociencia la configuración química cerebral en las personas que viven con gratitud es rica en GABA, serotonina y oxitocina. El beneficio de la gratitud tiene entonces una correlación neurobioquímica: un cerebro que practica la gratitud es, en esencia, un cerebro rico en estas moléculas de bienestar.

Además de la neurobioquímica y en otro orden de ideas, Nazareth Castellanos -neurocientífica española- nos dice que la ciencia no está reñida con lo espiritual, considerando que la gratitud tiene un origen ancestral y ha sido un objeto de muchos cultos en distintas culturas. Define la gratitud como un puente que permite crear circuitos neuronales relacionados con el bienestar, motivación y regulación emocional. Describe que la gratitud apacigua la actividad amigdalar -que es parte del hipocampo y está relacionada con la gestión de emociones y se activa en las situaciones de estrés psicosocial- y fortalece sinapsis en la corteza prefrontal que es la reguladora de emociones y decisiones; por tanto, el efecto final de la gratitud es la calma y la lucidez. Agrega que una forma rápida de lograr neuroplasticidad -esto es capacidad de adaptación- es con la configuración neuroquímica que ofrece la gratitud.

Hacia una Realidad Creadora

Más allá de la química y las áreas del sistema nervioso que se activan o inhiben, la gratitud posee una dimensión praxeológica. Como sostiene el psicólogo Robert Emmons, la gratitud es un poder curativo que energiza y crea egregor en el entorno. Según este investigador, en la génesis de la gratitud hay una afirmación y reconocimiento de la bondad; una vez que se trasciende la bondad por el favor recibido viene la pregunta «¿de dónde vienen las cosas buenas? ¿Quiénes hacen posible las situaciones que me producen agrado?» Existe, por tanto, una reacción humilde de reconocer la dependencia el hombre como ser social. 

Emmons proporciona otros datos interesantes: en un estudio ramdomizado se dedicó a identificar y clasificar a las personas en dos grupos: Personas agradecidas -un grupo- y Persona no agradecidas -el otro- y resultó que las personas agradecidas: son más propensas al éxito, menos propensos a tolerar injusticias y con mayor tendencia a practicar la virtud.

Incluso desde fronteras más audaces de la ciencia, como la teoría de la Reducción Objetiva Orquestada propuesta por Roger Penrose y Stuart Hameroff, se sugiere que el cerebro actúa como hacedor de realidad. En este marco, podría inferirse en la práctica de la gratitud no es solo una respuesta a lo que sucede, sino una capacidad creadora.

La verdad en el arte y en los símbolos.

Jacques Maritain nos dice que los poetas tienen su propio camino lleno de símbolos para conocer la realidad y acercarse a la verdad que se impone al de la reflexión filosófica. No es la poesía una serie de seudo proposiciones o símbolos sin significado. Tampoco es un sustituto de la ciencia. El mismo Schopenhauer se atrevió a afirmar que la historia no contaba la verdad dado que esta siempre es contada por los vencedores. La verdad en esencia es contada por el arte, y sobre todo por la poesía -María Zambrano le llamó a esto, razón poética-. Así, nos dice Mary Oliver en estos versos de su poema Gansos Salvajes: 

No tienes que ser buena. 
No tienes que andar de rodillas
 cien millas a través del desierto, 
arrepintiéndote. 
Solo tienes que dejar que el animal 
de tu cuerpo 
ame lo que ama.
 Dime de tu desesperación, 
y yo te diré la mía. 
Mientras tanto el mundo se sigue moviendo. 
Mientras tanto el sol y los guijarros limpios 
de la lluvia y la nieve profunda que cae, 
los gansos salvajes, altos en aire limpio 
vuelven a casa.

La gratitud es, en última instancia, la aceptación de la propia existencia y el asombro ante un mundo que, a pesar de las penas, se sigue moviendo y nos invita a volver a casa.

Referencias bibliográficas:

  • La Metafísica de las Costumbres (2005)Inmanuel Kant, traducido por Adela Cortina Ors y Jesús Conill Sancho . Editorial Tecnos.
  • El Hombre y lo Divino (1973)María Zambrano. Editorial Alianza Editorial.
  • El Mundo como Voluntad y Representación (2022). Arthur Schopenhauer, traducido por Pilar López de Santa María. Editorial Trotta.
  • Historia de la Filosofía (1994). Nicola Abbagnano. Editorial Hunab Ku.
  • La intuición creadora en el arte y en la poesía (2004). Jacques Maritain. Editorial Biblioteca Palabra.
  • Gansos Salvajes (1986). Mary Oliver [Consulta Online].
  • El Espejo del Cerebro (2021). Nazareth Castellanos. Editorial La Huerta Grande.
  • The Little Book of Gratitude: Create a Life of Happiness and Well-Being By Giving Thanks (2016). Robert Emmons. London Gaia.
  • Las Sombras de la Mente (1994). Roger PenroseEditorial Drakontos.

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