En la luz del Solsticio y entre las grietas de la tierra: Memoria y fraternidad en Renacimiento N° 222
Escrito por
Redacción Logia Renacimiento
Hay días en los que el tiempo parece comprimirse para poner a prueba todo lo que somos. Para los miembros de la Respetable Logia Renacimiento N° 222, el pasado 24 de junio fue uno de esos momentos donde la vida te muestra, en cuestión de horas, sus dos caras más extremas: la plenitud de la celebración y el impacto de la tragedia inesperada.
La mañana: 41 años recorriendo el trazado
Comenzamos la jornada con la serenidad de quien se sabe parte de una tradición viva. El 24 de junio no es una fecha cualquiera en la masonería: coincide con el solsticio de verano, ese instante del año donde la luz alcanza su punto máximo sobre nosotros. Desde la antigüedad, a las orillas del Nilo y del Tíber, el ser humano ha buscado en este ciclo solar un momento de pausa para mirar hacia adentro y renovar sus compromisos.
Para nosotros, esa mañana tenía además un sabor especial. Celebrábamos 41 años de trabajo constante desde nuestra fundación en 1985. Fue inevitable recordar aquellos primeros once años de picado a pulso sobre la piedra bruta, un esfuerzo silencioso que dio sus frutos el 10 de agosto de 1996, cuando bajo la conducción del entonces Muy Respetable Gran Maestro Otto Medina Villegas nos constituimos formalmente como la Respetable Logia Renacimiento N° 222.
En el ambiente flotaba el agradecimiento a los fundadores —hermanos como Carlos José Oropeza Alvarado, Álvaro Torres Mejía, Pedro Saldivia, Edgar José Rodríguez León y Bernardino Buda— y la satisfacción de ver sentado entre nosotros al querido hermano Tulio Augusto Fuentes Avendaño, quien tras más de cuatro décadas sigue siendo columna activa y memoria viva de nuestro taller.
Con la solemnidad que exige el Rito, nuestro Venerable Maestro Franklin José Higuerey Colmenarez dirigió la Tenida Blanca de Solsticio. Al terminar, nos reunimos en el ágape para compartir el pan, ese símbolo sencillo pero profundo que el Primer Maestro de Ceremonias, Héctor Saldivia Seijas, distribuyó entre los presentes.
Fue allí, entre palabras de aliento y abrazos sinceros, donde reconocimos la perseverancia de quienes han sostenido este Templo:
- Por su constancia (5, 10 y 20 años de actividad): Sir Winston Infante Torres, Nicolás Swarzemberg Castillo, Tulio Fuentes Avendaño, Manuel Tua Aguilar, Héctor Saldivia Seijas, Antonio Castillo, Amado Carrillo Gómez, Ysmael Chirinos Navarro, Stanley García Manjarrez, Franklin Higuerey Colmenarez y Humberto Camejo Arias.
- Por su labor extraordinaria (Botón de la Logia): Jesús Aranguren Páez, Daniel Castillo Martínez, Carlos Luis Valeri, Daniel Montero Caon, Wilmer Acosta, Octavio Graterol Morales, Alexandre Astolfi y Oscar Peña.
La mañana cerró en el punto más alto de la fraternidad. Nada nos hacía presagiar lo que venía.
La tarde: La tierra tiembla y la fraternidad responde
Pocas horas después, el clima de festejo se disipó de golpe. Un potente terremoto sacudió el centro y norte de Venezuela, convirtiendo la jornada en una verdadera catástrofe nacional. La noticia de las pérdidas humanas, los miles de heridos y los daños materiales nos golpeó de lleno. La luz con la que habíamos iniciado el día dio paso a un luto que envolvió a todo el país.
Nuestra Logia se sumó de inmediato al Decreto de la Gran Logia de la República de Venezuela, declarando Duelo Masónico Nacional por 33 días continuos. Pero sabíamos que el luto no podía quedarse en un gesto pasivo. Bajo la coordinación de la Gran Zona N° 10, liderada por el hermano Ronald Vidal y los Venerables Maestros de las logias de la región, transformamos de inmediato el dolor en organización, activando la recolección y envío de insumos de primera necesidad para los damnificados.
Lo que nos queda: Transmutar el dolor en acción
Hablar después de un evento que deja tantas familias rotas nunca es fácil. Aunque en nuestros trabajos dedicamos horas a filosofar sobre la brevedad de la vida y la inevitabilidad de la muerte —el viejo memento mori de los romanos—, sufrirlo en carne propia es una historia muy distinta. La teoría se derrumba cuando la tierra cruje.
Como escribía Albert Camus en La peste, las grandes crisis sacan a la luz lo peor y lo mejor de la condición humana. Ante la incertidumbre, la verdadera respuesta no está en las paredes de concreto que se caen, sino en lo que construimos dentro de nosotros. Cuando el suelo tambalea, la única estructura que resiste es la Cadena de Unión: la mano tendida, el apoyo silencioso y la ayuda concreta al que lo ha perdido todo.
Decía Bertrand Russell que la meta del ser humano debe ser «ampliar el conocimiento y ampliar el amor». Hoy, desde Renacimiento N° 222, elegimos hacer exactamente eso. Lloramos a quienes hoy ya no están, pero nos ponemos de pie para acompañar a los que sufren. Que el recuerdo de este 24 de junio nos recuerde siempre que la fraternidad no es un discurso: es el refugio más seguro cuando la tierra decide moverse.

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