¿Cómo se determina la presencia divina del Gran Arquitecto del Universo?

Tulio Fuentes

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Tulio Fuentes

1 de marzo de 2026
4 min de lectura

La divinidad es la conciencia del hombre de que no está solo y que no puede ser dueño absoluto de su propio destino. Tal conciencia, por vaga que parezca, acerca al hombre a la divinidad. Esa que trasciende y al mismo tiempo circunda al hombre; resulta inseparable de la conciencia de este y de su propia identidad. Sin embargo, permanece siempre inasible, escondida y, para algunos, aparentemente inexistente.


En la masonería, el Gran Arquitecto del Universo, representa una idea universal de divinidad, sin limitarse a una religión en particular. No es el “Dios” de una confesión determinada, sino el símbolo que permite a cada masón reconocer, en un principio superior, una inteligencia ordenadora del cosmos. Es el puente entre la razón y espiritualidad, entre ciencia y trascendencia. “La presencia del Gran Arquitecto del Universo no se determina por una prueba física, sino a través de la creencia en un principio creador y un orden divino que se manifiesta en el universo, en la vida y la geometría que traza todo lo exacto.


La anterior afirmación nos conduce a entender que el G:.A:.D:.U:. es un símbolo que representa el ser supremo responsable de la creación, del orden y las leyes que rigen el cosmos. Es por ello que está asociado a la geometría, a la armonía y la construcción. Para los masones el universo es como un templo construido según un plano divino. Y al laborar como albañiles en la construcción del templo simbólico, hacen posible la presencia de la divinidad del G:.A:.D:.U:., al intentar lograr una sociedad justa y perfecta. Con libertad e igualdad y fraternidad para todos. La creencia en el G:.A:.D:.U:. es el reconocimiento de que existe algún tipo de dios o fuerza creadora. No implica necesariamente una fe bíblica o dogmática, sino una sensibilidad religiosa y la creencia en la existencia de un creador que ordenó lo material y lo inmaterial.


Entretanto, podemos determinar la presencia divina del G:.A:.D:.U:. como la fuerza creativa superior y al principio organizador del cosmos, simbolizado como un arquitecto o constructor docto que diseñó minuciosamente perfecto al universo. La divinidad del G:.A:.D:.U:: es tangible en la inspiración al construir, los masones en su interior; el mejor ejemplar de sí mismos, orlados en un marco de virtudes, valores y moralidad. Igualmente lo observamos cuando un hermano actúa en sociedad como un ciudadano ejemplar, como hijo, padre, amigo, y hermano. Que dará lo mejor de sí mismo, para el bienestar de su prójimo. Allí está la divinidad del G:.A:.D::U:., esa es su obra, basta que asumamos y despertemos nuestras conciencias.


Cuando apreciamos la armonía del universo, la perfección, la calma después del caos, la ritmicidad del macrocosmo y el equilibrio, en ocasiones inexplicable, del microcosmo de nuestros organismos, los cuales hemos maltratado por los vicios, la ignorancia y la inmoralidad.

A pesar de todo ello y al existir vida, entendemos la magnificencia de la divinidad del G:.A:.D:.U:.. Al estudiar a profundidad y conocer el BIG-BANG, esa gran explosión que liberó, libera y liberará cualquier cantidad de energías a lo largo de un incontable período de tiempo, podemos apreciar la divinidad del G:.A:.D:.U:.. pero también en la lluvia, en el rocío, en la hoja seca que cae a la tierra para luego convertirse en abono, en ese ciclo interminable de la vida; he allí la divinidad del eterno, del altísimo haciéndose presente.

Y al vernos en nuestro interior, ¿será que evidenciamos siempre la divinidad del gran constructor? Cuando somos egoístas, jueces implacables de la conducta ajena, o cuando somos marginales al dolor o necesidad de nuestros hermanos, familiares y amigos, ¿Será que allí está la gloria de esa inteligencia perfecta que nos permitió estar aquí en este momento y a esta hora? Pienso que si, por que, en la vida para aprender, no solo hay que acertar, sino también que nos crecemos al equivocarnos, y si rectificamos, nos edificamos.

Igualmente, cuando damos lo que nos sobra, pero también cuando lo damos todo sin arrepentirnos ni esperar nada a cambio, allí está esa energía positiva, esa convicción de ser grande, honorable y útil hacia los demás. En lo personal, cuando puedo hacer algo por alguien y de alguna manera se satisface su necesidad, le digo: “Gracias por haberme permitido serte útil”. Ya que no debemos dejar pasar ninguna oportunidad de hacer con amor algo por alguien sin esperar reciprocidad. Creo que en la naturaleza y en nuestras mejores acciones y actitudes podemos evidenciar ciertamente la hermosa y magnánima divinidad del G:.A:.D:.U:.

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